No nos representan
agosto 24th, 2011 • 15-m, Arte, Expografía
Notas apresuradas sobre lo que está pasando y su reflejo en el ámbito de la expografía.
“La cultura es un bien común y un proceso en constante transformación que refleja las dinámicas sociales, el resultado del cual no tiene que ser necesariamente una obra o un producto mercantil.”
Este párrafo está tomado de la declaración de la Comisión de Cultura de Acampada/BCN
Lo que ha pasado de mayo a acá es de las cosas más importantes que han pasado en este país en los últimos 30 años. Puede parecer una sentencia grandilocuente pero creo que el proceso seminal que se ha instaurado traerá a la larga frutos en muchos planos de la sociedad, amén, de los frutos se puedan dar en un corto plazo de tiempo.
Idea:
En la inmensa mayoría de las ocasiones, cuando hablamos de exposiciones, hablamos de obras que se exponen. Este esquema lógico parte de la base que toda producción se conforma en una obra material Sin dicha obra este esquema no se valida. Para resumir, se podría decir: sin obra no hay valores que mostrar.
Ahora bien, hay otro planteamiento que entiende que la obra es secundaria ya que lo importante es el valor de la obra y el valor de la obra está en el efecto que ésta produce. Ojo, no hablo de valor económico porque éste está asociado a la naturaleza patrimonial y física de la obra. Sino valor en cuanto a su capacidad para generar dinámicas intelectuales, cognoscitivas, poéticas, política, etc. Es decir, el valor de la obra está en la recepción de la misma y no en su naturaleza física.
En cierto modo, el primer esquema corresponde a un modelo capitalista y el segundo a un modelo de nuevo corte.
Si estudiamos el 15m observamos que se están cuestionando muchas cosas. Algunas están tan instauradas que hemos llegado a pensar que más allá de su horizonte no había nada. Pero parece ser que la fisuras que este movimiento trata de introducir dan cabida a repensar los modelos que tan sólidamente creíamos instaurados y que eran totalmente hegemónicos.
¿Puede haber una exposición sin obras?
Desde mi punto de vista sí. Y esa exposición no es una boutade. No corresponde a una pirueta experimental. Corresponde a un ejercicio de repensar el significado de lo que es una exposición.
La cualidad de este nuevo modelo es que se persigue explicitar los procesos de reflexión y debate sin necesidad de acudir al producto como ancla que nos amarra a las lógicas tradicionales de productor-consumidor.
Hablar de consumidores, avanza otra vertiente, si cabe, más interesante que la primera.
En el esquema del viejo régimen los actores que hacen posible el juego tienen roles totalmente compartimentados. Los artistas están especializados en producir; los mediadores en difundir los productos de los artistas y los espectadores en consumir los productos hechos por los artistas y mediados por los intermediarios. Esto es una cadena de producción dirigida a rentabilizar los diversos procesos.
El problema de esta segmentación es que genera agentes autistas sin capacidad crítica más allá del horizonte de rentabilizarse en sus esferas. De ahí, que la brecha entre arte y público haya crecido de manera casi ya irreparable.
Estos días escuchamos en las calles: ¡No nos presentan! Pues bien, yo también diría en nuestro ámbito; No nos representan. No nos representan los artistas como custodios hegemónicos de la creación. No nos representan los mediadores como especuladores de un mercado de derivados artísticos. Y no nos representan las instituciones públicas porque: “las instituciones no hacen cultura. Las instituciones públicas gestionan los recursos públicos destinados a la cultura”. (1)
Reclamar la autonomía del espectador como agente libre no sometido a una segmentación clasista es apostar por un nuevo modelo diferente. De la misma manera que reclamar la soberanía popular es el rasgo que nos dignifica frente a los mercados.
(1) Declaración de la Comisión de Cultura de Acampada/BCN. Barcelona, 19 de julio de 2011.
La grieta que inició el 15 de Mayo tiene que ver principalmente con el poder de cuestionar. Este valor es fundamental para el desarrollo sano de una sociedad, la cual ha de distanciarse de sus valores con frecuencia, cuestionarlos y juzgar si siguen siendo vigentes.
El arte, como disciplina documental y poética que mide el pulso de la sociedad deberá también cuestionar sus propios principios y canales si lo que quiere es seguir sirviendo como herramienta de cambio.
Hace bien poco, Santiago Sierra rechazó el Premio Nacional de Artes Plásticas abanderando una cáustica carta dirigida a la Ministra de Cultura dónde claramente se distancia del estado. Pero con todo y eso, los cauces por los que este mordaz artista discurre continúan siendo los construidos muchos siglos atrás.
Muchos artistas somos los que abiertamente decimos de una vez que no soportamos el ambiente altamente pedorro que han configurado a nuestro alrededor, dónde la pose idiotesca, las tendencias caducas y los ágapes poperos han tomado las aperturas de una exposición.
La academia, a pesar de ser muy necesaria para nuestro desarrollo artístico (aunque no por eso imprescindible), nos ha educado en la idea de que somos una élite. Tan especiales que merecemos cobrar fortunas si nuestro talento cuaja, aunque para eso tengamos que sortear una serie de agotadoras pruebas burocráticas de aguante estoico a la absurdez que nos arrebaten la cordura del todo.
Este nuevo siglo, los artistas no sólo hemos cuestionado el soporte, el cual cada vez está más difuminado, sino que hemos cuestionado el sobrevalorado concepto de la exclusividad. Y la pintura tiene gran parte de culpa. Hoy, una obra es inalcanzable porque es única. Como el caviar, es caro porque hay poco.
Pues bien, como antes mencionabas, el valor patrimonial y físico del arte se está devaluando con los años porque ha llegado el arte digital. Y en este soporte no hay nada exclusivo. Las obras son unos y ceros, reproducibles hasta el infinito y sólo medibles por su valor verdadero, el de despertar el movimiento intelectual y poético del ser.
Nos han inculcado que el valor del artista se mide por el coste de sus obras, el cual está determinado por el juicio de críticos, marchantes y demás burócratas y especuladores. De eso se deduce que la finalidad el artista es el éxito. Y este sólo llega con el dinero.
El valor no es el coste y la calidad no es el éxito. De hecho en más casos que menos, el éxito es casual, injusto y hasta cruel.
Es el momento de marcharnos todos de sus canales oxidados y de comenzar a crear una nueva red.
Sin ellos, porque no nos representan.
Viva el arte libre.