Berlín

Hace ya varios meses que este blog se quedó mudo.  Era a primeros de julio y con los primeros calores estivales, la escasa masa gris del autor se fue derritiendo como mantequilla en la sartén.  Así, durante todo el verano no hubo un solo post nuevo.

Hoy parece que las temperaturas están bajando y de nuevo se solidifica la grasa que da la luz al pensamiento y a la voluntad. Es por eso, por lo que después de dos meses largos de silencio escribo de nuevo.

Podría tirar del diario del verano para destacar  alguna ocurrencia pasada pero debo reconocer que sobretodo me he dedicado en cuerpo y alma al solaz y al perreo puro.  Tan solo destacar la lectura de “Orwell en España” que incluía la publicación revisada de la magistral “Homenaje a Cataluña”; la magnífica serie “The Wire” con una alta capacidad adictiva  y el descubrimiento de Berlín, ciudad que acaba de recibir un premio Príncipe de Asturias.

El viaje a la capital berlinesa no ha defraudado las expectativas puestas en conocer un modelo urbano y social tan alejado a la carpetovetónica Madrid. Donde aquí son ruidos, aglomeraciones, porquería  e incivismo allí es orden, tranquilidad y conciencia colectiva. -Seguro que Berlín tiene su lado oscuro pero al menos son muy hábiles para ocultarlo-.

El punto de vista que más me llama la atención es la evolución de Berlín desde la perspectiva histórica. Hoy es modelo de ciudad pero su pasado inmediato es dramático y aterrador. Tras la destrucción del 90% de la ciudad en la II GM le siguió la separación en dos bloques marcados por la cicatriz del muro. Hoy ese pasado se ha remontado y donde antes había solares y edificios ruinosos aparecen grandes avenidas y torres de cristal. Lo irónico del caso es que esa renovación se produce porque la ciudad quedo en 1945 laminada, reducida casi a grado cero. La destrucción fue tan inmensa que hasta en las fotografías aéreas cuesta trabajo reconocer la traza urbana. La paradoja es que el milagro berlinés fue posible porque la ciudad fue totalmente aniquilada.

Siempre pensé que la máxima nihilista “de destruirlo todo para volver a construirlo de nuevo” no era un planteamiento realista pero en el caso berlinés  así sucedió. A veces, pocas veces, de la mayor de las catástrofes surge la mayor de las bellezas.

Berlín 1945

Berlín 1945

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