Las vacas flacas

Hoy en Público, Isabel Repiso firmaba un interesante artículo sobre la caída de ingresos que estaban sufriendo los centros de arte participados por capital privado.  La crisis está haciendo mella en estos espacios y los ingresos procedentes de las aportaciones de patronos privados o de la comercialización de espacios y merchandising está menguando.

También, a raíz de la reciente inauguración de la Bienal de Venecia, algún corresponsal llamaba la atención sobre la disminución de fiestas y actos del programa off financiados por empresas privadas.

Por si fuera poco, hoy también en Público, Vicente Clavero escribía sobre el adelgazamiento de los fondos destinados a las Obras Sociales de las Cajas de Ahorro. Las Cajas, verdadero tercer poder de la financiación de la cultura en nuestro país, reducen sus aportaciones a las Obras Sociales para recapitalizarse y capear el temporal.

Estos indicadores son síntomas de algo absolutamente predecible. La crisis se hace notar y los mecenas privados han cerrado el grifo; en particular, el ladrillo y la banca que por otra parte, eran los grandes benefactores.

Aunque en nuestro país la presencia del capital privado no es tan relevante como en los países anglosajones, es suficientemente significativa como para que el sector se resienta. Y lo que es peor, puede servir de “efecto llamada” para que el capital público siga sus mismos pasos. Aunque está por ver, es previsible que las administraciones públicas sigan el ejemplo de las empresas privadas y reorienten la inversión a sectores o servicios con mayor proyección social.  El desmantelamiento de la Consejería de Cultura en la Comunidad de Madrid o la iniciativa parlamentaria para la eliminación del Ministerio de Cultura son señales del poco valor que parte de la clase política otorga al arte y la cultura en general. En momentos de crisis, se hacen fuertes los voceros que pregonan que eso del arte es un gasto suntuoso y por lo tanto accesorio.

Bien es cierto, que estos movimientos no afectan a todos los sectores de la Institución Arte por Igual. Es probable que la creación y la investigación/formación se resientan algo pero no tanto como el mercado y la exhibición. Al fin y al cabo, la creación  y la investigación siempre han estado en crisis incapaces de generar fuentes de autofinanciación al margen de las asignaciones directas de fondos públicos o los ingresos residuales procedentes del mercado y de la exhibición.

De todos los sectores citados es la exhibición la que tiene todas las de perder. Muchos centros ya han optado este año por suprimir alguna exposición de su oferta alargando la duración de las programadas y se supone que el año que viene será peor. Es la industria cultural que presta servicios de expografía, transporte, comunicación y otros la que se resentirá con mayor virulencia.  De hecho, en el sector se aprecian fenómenos de deflación alentados por empresas que necesitan asegurar una carga mínima de trabajo.

Probablemente estemos ante el fin de un ciclo. Ciclo que se inició a principios de los 90 y que ahora toca a su fin.

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