Karelia, Milagros & Co. Joan Fontcuberta

Dicen que Leonardo da Vinci llegó a decir: “quien no pueda ver una batalla en una mancha de humedad nunca podrá ser pintor”.  No le faltaba razón pues la imaginación y la capacidad de ver lo que otros no ven son rasgos de talento artístico o de pensamiento mágico. Otra cosa es ver aquello que queremos ver, sugestionarnos con determinadas asociaciones y ver imágenes donde sólo hay manchas. Eso no es talento es pareidolia.

La pareidolia, según la wiki, es un curioso fenómeno cognitivo consistente en  la percepción errónea como una forma reconocible de un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen). Muchos hemos jugado a reconocer formas en las nubes o descubrir figuras en riscos y  la corteza de los arboles. Incluso hay campañas de publicidad de un par de marcas de coches que se basan en este fenómeno.

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Lo cierto es que puestos a ensoñar y fantasear, para muchos es más gratificante que estos signos tengan un significado. Y claro, si este significado es sagrado ya no es un fenómeno convencional; es una revelación o un milagro. Son estos los casos de pareidolias que ocasionalmente ocupan el espacio en medios de comunicación poco rigurosos. Así se han hecho archiconocidas las Caras de Belmez, los rostros en la superficie de Marte o las manifestaciones del maligno en las columnas de humo de los atentados del 11-S. Probablemente lo que se esconde detrás de estos hechos es únicamente el afán de notoriedad de unos y la ingenuidad y superstición de otros muchos.

Hay que decir que aunque nos deslizamos hacia un mundo cada vez menos sacralizado, el arte ha hecho mucho por mantener viva la llama del ilusionismo sacro. No olvidemos el tufo que desprendían buena parte de los discursos artísticos de las diversas variantes de la abstracción, el minimal, el poverá o el land art. Esta estrategia ha servido y sirve para mantener el carácter áurico de la obra.  Lo cual ayuda a que tanto la obra como su autor mantengan un estatus privilegiado.

Es en este contexto donde cabe destacar el  trabajo de Joan Fontcuberta, “Karelia, Milagros & Co”. Presentado en el año 2002. El proyecto sigue el esquema discursivo ya utilizado en “Sputnik, la odisea de la Soyuz 2″. En esta ocasión el punto de partida de la ficción es el descubrimiento de un anuncio que oferta un curso sobre milagrología interconfesional en un monasterio ortodoxo finlandés. Ésta es la disculpa para que el autor inicie un recorrido fotográfico y literario sobre las diversas facetas del misterioso monasterio.

Como el mismo se imparte tal curso, Fontcuberta desgrana una amplia variedad de técnicas para producir milagros. Por ejemplo se habla del milagro de la pensamientografía, de la lacrimación sanguificada, de la invisibilidad, la crionización y así hasta un largo etcétera.

Entre el amplio abanico de posibles prodigios destaca el de la carne. Que no es otra cosa que la capacidad para crear imágenes en patas de jamón. El autor lo explica así:

“Suele practicarse con una pata de jamón ibérico (los novicios musulmanes han ensayado el proceso con cecina pero no funciona igual). Al cortar una loncha fina aparece el rostro de Che Guevara, que algunos confunden con el de Jesucristo. Según el tipo de bellotas con que se alimentan los cerdos también puede salir la cara de Adolfo Hitler y, más difícilmente, la de Bin Laden. La de Ariel Sharon, pese a los denodados esfuerzos, resultó absolutamente imposible. Dado el tentador sabor de este jamón y su elevado precio, la cuestión que este milagro suscita es el destino que debe darse a las lonchas: guardarlas devotamente como reliquias o zampárselas directamente (en cuyo caso el ritual podría entenderse como un acto eucarístico). Preguntado Munkki Piotr sobre este dilema respondió: <Entiendo la pregunta, pero ¿cuál es el problema?>”

Joan Fontcuberta. El milagro de la carne. 2002

Joan Fontcuberta. El milagro de la carne. 2002

Con esta propuesta Fontcuberta lanza una provocación herejética de primera línea. Por un lado  pone en solfa la superchería que nos rodea ya que tanto el conjunto del trabajo como algún otro material que estuvo presente en la exposición cuestiona la “industria del milagro”. También dirige la mirada crítica hacía esa capacidad de la imagen para generar falsas apariencias. Ésta es una constante de su trabajo.

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