That guy
mayo 19th, 2009 • Imposturas
Hoy diversos medios recogían una instantánea donde aparecían Mariano Rajoy, María Dolores Cospedal, Antonio Basagoiti y Arancha Quiroga. La particularidad de la fotografía radicaba en que un espontaneo situó sobre la cabeza del líder del PP una pancarta a modo de bocadillo. La misma decía “Más vale PSOE conocido que PNV por conocer”. El efecto es realmente curioso y simpático. Donde antes era una anodino posado para la prensa ahora se ha convertido en una extraña estampa. Todo ello gracias al infiltrado que ha conseguido apropiarse de la imagen de estos conocidos personajes para lanzar su mensaje.

- Imagen: Chema Moya / EFE
En gestosycomunicacion.wordpress.com dicen que la acción corresponde a una campaña de lanzamiento de un nuevo programa de televisión. Lo cual para mi gusto resta brillantez al gesto pues ya no es la intervención poético reivindicativa de un espontaneo.
La presencia de espontáneos en las fotografías o películas es tan vieja como la propia invención de estos dispositivos. Hay numerosos ejemplos de películas mudas donde es común la presencia de chiquillos y no tan chiquillos “chupando cámara”. Recuerdo en concreto una filmación de la primera guerra mundial donde un oficial ruso hace todo lo posible por salir continuamente en plano aunque el camarógrafo se empeña en dejarlo fuera ya que su interés es grabar el desfile de la tropas y no la presencia de tan incómodo espectador. También otra, del aterrizaje de un avión en los primeros días de la aeronáutica. En este caso es un joven que se sitúa en todas las posiciones posibles para que su imagen quede inmortalizada con la particularidad de que continuamente se mueve lateralmente para dar siempre la cara a la cámara.
La verdad es que son tantos los ejemplos que se podría hablar de todo un género. A mí me gusta llamarlo algo así como that guy. Contracción de la expresión: but, who is that guy? o dicho en román paladino: Pero, ¿quién es ese tío? La expresión vendría de la exclamación que lanzamos cuando descubrimos a un desconocido en las fotos que acabamos de revelar de las últimas vacaciones, la pasada Nochevieja o el cumpleaños de nuestra prima. Está claro que la infiltración tendrá más éxito cuanto mayor sea la audacia del invitado no deseado. Así pues, las expresiones grotescas, los cuernos o los calvos están muy cotizados. Pero también es importante, la sacralidad del momento. No es lo mismo que la foto sea de dos amigas en una fiesta a que sea la foto de dos novios en el altar.

¿Pero quién es ese tío?
La infiltración no sólo se da en fotografías. El video y sobre todo, la televisión en directo es una ocasión perfecta para que los amigos de las imágenes ajenas hagan acto de presencia. Hace poco se difundió mucho en internet la grabación de una periodista deportiva a la entrada de un partido de futbol haciendo una retransmisión en directo. Lo que la chica no sabía es que tras de ella había un aficionado que decidió tener su minuto de gloria a base de mofarse de la incauta reportera.
Ya lo decía Warhol que “En el futuro, todos seremos mundialmente famosos durante 15 minutos”. La cuestión es cómo. Unos deciden hacerlo a base de meritos propios y otros a base de apropiarse de la gloria de los demás.
Pero entre todo el elenco de that guys posibles. El que mayor reconocimiento adquirió fue aquel jubilado francés que decidió hacer de esta actividad su hobbie particular. Sucedió hace unos años. El protagonista, cuyo nombre no recuerdo, comprobó que gracias a su buena planta y sus exquisitos ademanes rebasaba los controles de seguridad de los actos oficiales organizados en El Eliseo. Al principio sólo se colaba en las fiestas y recepciones. Luego empezó a dejarse querer por la cámara. Y al final acabó posando entre los altos mandatarios en las “fotos de familia”. La gloría le duró hasta que un avispado periodista se dio cuenta que aquel galante caballero no era el presidente de Eslovaquia o el jefe de estado de Montenegro sino un total desconocido.
La reiteración del jubilado francés demuestra que esta actividad puede llegar a convertirse en costumbre. Ya no es un gesto espontaneo sino una actividad premeditada y frecuente. Tal es el caso de ese friky de barbas y gorro, Mocito Feliz, que persigue a todo famoso que pilla. A base de colarse en todos los reportajes se ha convertido en un elemento imprescindible de las crónicas del corazón. Él es un that guy profesional.

Mocito Feliz
Exhibicionismo y afán de notoriedad son las claves de este rasgo. La vida parece más fácil cuando todos te reconocen. No es lo mismo que te traten con distinción a que te traten como uno más. Antaño la distinción era una prerrogativa regia o papal; hoy la dan los medios de comunicación. Si antes se concedían medallas o títulos hoy confundimos prestigio con fama. Pero bien visto, a todos nos gustaría que alguien nos recordara cuando ya no estemos entre los vivos y si uno es famoso tiene más probabilidades de que sean más los que le recuerden.