A Espe no le gusta la cultura

La semana pasada Esperanza Aguirre rompió con 26 años de tradición política al eliminar de su organigrama de gobierno la Consejería de Cultura. La medida se justificó como un gesto de austeridad del Gobierno de la Comunidad de Madrid. En los medios poco o nada ha trascendido del alcance de esta decisión. Nada se ha dicho de cuánto dinero se va a ahorrar o ¿cómo afectara la medida a los programas en curso y los centros que dependían orgánicamente de la consejería desaparecida?

La decisión pilló por sorpresa a muchos, incluido los miembros de su gabinete y todo parece indicar que se improvisó una vez conocido que el consejero cesante, Santiago Fisas, iría en las listas del P.P. al parlamento europeo.

Tal improvisación  no es de extrañar. Al fin y al cabo para el gobierno regional del P.P.  la cultura nunca no ha sido una de sus prioridades de gobierno. De hecho, desde que la presidenta revalidara su mandato en el 2007 los presupuestos de Cultura se han reducido un 47%.  Aquel año, el presupuesto de Cultura era de 339,69 millones de euros y este año, antes de la supresión de la consejería, era de 191,66 millones de Euros.  Falta por ver de qué manera la medida contribuirá a reducir más el presupuesto.

Realmente, esta medida era la crónica de una muerte anunciada. Ya en el año 2007 en una de sus primeras declaraciones institucionales dejó entrever  que si de ella dependiera reconvertiría el uso de los Teatros del Canal. El estado avanzado de las obras no lo permitió. Pero si que se deshizo, por ejemplo, de la gestión de los Auditorios de El Escorial inaugurados en el 2006. Esta infraestructura costó la friolera de 65 millones de euros y su gestión pasó a manos privadas. Hoy languidecen, estando cerrados la mayor parte de los días del año.
En el ámbito de las artes visuales también prevalecen las sombras sobre las luces. El año pasado se inauguró el Centro de Arte 2 de Mayo y Madrid dejó de ser una de las pocas comunidades autónomas que no disponían de un Centro de Arte autonómico. Las estrecheces, tanto presupuestarias como orgánicas, hacen que la viabilidad de este espacio esté comprometida. Sin apoyo institucional será difícil que el proyecto se consolide y entrará a formar parte del pelotón de centros que sobreviven sin pena ni gloria.

Ahora bien, lo realmente sorprendente es la acogida de la medida por parte de la comunidad cultural capitalina. Hoy, seis días después de que se hiciera pública la decisión, ninguna organización profesional, estamento o particular ha dicho esta boca es mía, excepción hecha de la oposición y los sindicatos pero a ellos les va en el sueldo.  ¿A qué se debe tal desidia? Creo que las razones son varias. Por un lado, la inmadurez del colectivo que no tiene ni capacidad de respuesta ni de convocatoria. Por otra parte, la impotencia y en algunos casos, el miedo a que les echen del pesebre que les da de comer.

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Esperanza Aguirre abucheada en la Noche de los Teatros (27/03/09). Yo creo que esa noche tomó la decisión de suprimir la Consejería de Cultura



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