Resistencia. Lucinda Torre

Estos días se puede ver el documental Resistencia en el Centro de Arte de La Laboral dentro de la exposición, El pasado en el presente y lo público en lo ajeno.Resistencia es un documental con guión y dirección de Lucinda Torre estrenado en el año 2006. En él se narran las movilizaciones que durante siete años mantuvieron 232 trabajadores y sus familias contra la decisión la dirección del Grupo Duro Felguera de despedirles.

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El 9 de septiembre de 1993, la dirección de la empresa comunica el despido de los trabajadores incluido los miembros del comité de empresa. Este expediente era el preludio de otro posterior con el despido de 59 trabajadores más y según el criterio de los huelguistas el desmantelamiento total de la factoría en La Felguera (1).

La cronología de los acontecimientos marca dos partes claramente diferenciadas en el documental. La primera, se extiende desde la comunicación de los despidos en septiembre de 1993 hasta el acuerdo de reincorporación y/o recolocación de los despedidos en noviembre de 1994. La segunda va desde el reinicio de las movilizaciones en diciembre de 1996 hasta la solución del conflicto a finales de 1997. Una tercera parte, a modo de epílogo narra la situación actual de la empresa y la trayectoria posterior de alguno de los protagonistas hasta la actualidad.

Apoyándose en la narración de las mujeres de los despedidos se desgranan las diferentes movilizaciones que el colectivo de despedidos y sus familias fueron organizando con el objeto de luchar contra la decisión patronal. En este aspecto, el documental es un manual de acción reivindicativa pues describe como progresivamente se pasan de acciones locales que buscan sensibilizar al entorno más cercano a acciones con mayor calado mediático y presión política y social. Pero tal como cita uno de los protagonistas “nosotros creíamos que estábamos convenciondolos“  y que “atrayendo la atención seríamos capaces de cambiar el curso del expediente”.  El hecho era que la dirección de la empresa permanecía firme en su postura y se producía la fractura del colectivo de trabajadores (2).

La escalada de la movilización culmina con la huelga de hambre de cinco trabajadores. Tomando esta medida el conflicto llega a un punto de inflexión pues si en periodo corto de tiempo no se llega a un acuerdo puede que alguno de los huelguistas sufriera un deterioro irreparable, incluido su fallecimiento.  Durante la huelga de hambre, con el entorno social claramente decantado a favor de los huelguistas, suceden dos acontecimientos muy significativos. De un lado, el rechazo asambleario a la propuesta de la dirección de CC.OO de firmar un acuerdo previo y de otro, la carta de varios sacerdotes de la comarca para que el Obispado de Oviedo intercediera en el conflicto.  Es así como finaliza la huelga de hambre al convocarse una nueva mesa de negociación en la que están los dirigentes huelguistas y la Iglesia. La mesa es posible gracias a la dimisión de la dirección de la empresa y su sustitución por un nuevo equipo.

En noviembre de 1994 se firman los acuerdos con la nueva dirección de la empresa que reconoce la reincorporación de la mayor parte de los despedidos y la prejubilicación de 40 más.  Mientras, el gobierno regional del socialista Trevín accede a la recolocación de otros 44 despedidos en empresas públicas de la región.

La primera fase del conflicto se cerraba con la victoria de los trabajadores.

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Pero, en la Nochebuena de 1996 se reinician las movilizaciones porque los trabajadores que tenían que haberse reincorporado a las empresas públicas todavía no habían sido recolocados. En esta ocasión, el objetivo de la presión era el gobierno regional del popular Marqués, responsable de tales recolocaciones, y la medida de presión era el encierro de varios trabajadores en la torre de la catedral de Oviedo.

De nuevo el tesón y la convicción en la lucha (3) dieron sus frutos y tras 318 días de encierro se desbloqueó el conflicto.

El origen de esta lucha es semejante a la de otras muchas empresas que día tras día despiden a sus trabajadores. ¿Qué hace diferente este conflicto de otros? En primer lugar, la cohesión del colectivo de damnificados, sus familias y allegados. En segundo lugar, la tenacidad en la defensa de sus convicciones que les hizo tomar posturas de fuerza durante muchísimo tiempo y “ser incansables al desaliento”. – Incluso se  llegó al enfrentamiento contra todos los estamentos de poder posibles: empresa, cúpulas sindicales y gobierno socialista y popular (4)-. Y por último, la simpatía de todo el territorio circundante altamente concienciado y muy bregado en la defensa de los derechos laborales.  Es decir, tres principios de la lucha obrera clásica: unidad, resistencia y solidaridad.

Pero un conflicto laboral también es un conflicto entre personas que en entornos pequeños – como la localidad de La Felguera-  se magnifican.  Este punto de vista está poco explotado en el documental que se agota en exponer los acontecimientos, si bien, a veces se pierde en la descripción de hechos anecdóticos  lo que hace que pierda tensión argumental, sobre todo en la segunda parte.

Se echa de menos la narración de las intrahistorias del conflicto desgranado mínimamente en boca de las mujeres, verdaderos puntales de la lucha en numerosas ocasiones. De nuevo la lógica de la narración oscurece el sufrimiento y la incertidumbre de los damnificados, la ruptura de muchas relaciones de amistad forjadas durante años o los “efectos rebote” que provocaron un paulatino descrédito de los líderes a los que se les acusaba de provocadores profesionales.

Es en las contadas ocasiones en la que los protagonistas hablan de sus temores y anhelos -y no en la narración de los acontecimientos- cuando se destilan visos de un tímido discurso ideológico de nuevo cuño. La reclamación del pago de “la deuda histórica” de la empresa para con el territorio donde creció o la exigencia de reciprocidad en la implicación en el futuro de la empresa, son argumentos que aluden a un compromiso moral entre la dirección y los trabajadores. Los trabajadores luchan porque les despiden pero a la vez echan en cara a la dirección que no han sabido o no han querido “buscar obra” con lo cual la factoría cerrará. Es decir, han roto un pacto que va más allá de un simple contrato laboral. Han roto un principio social que trasciende la simple rescisión de empleo. La responsabilidad social de la empresa no sólo es el mantenimiento de empleo. Es también, el asegurar su supervivencia futura para seguir generando riqueza que revierta sobre los trabajadores, sus familias y todo el tejido social que se ha construido en su entorno.

Estas reclamaciones son indicios de un posible discurso de resistencia ante los retos de la nueva lógica postapitalista marcada por la globalización y la transformación de los principios de pacto clásicos entre patrón y obrero.

(1)    Duro Felguera es una empresa de producción de bienes de equipo asentada en la localidad asturiana de La Felguera desde mediados del siglo XIX. El propio nombre de la empresa procede de la ubicación donde se inició la actividad inicialmente minera y siderúrgica  y de la familia que la fundó, la familia Duro.  El arraigo de la empresa en la comarca viene dado por su larga historia y por haber sido uno de sus principales pilares económicos.

(2)    En 1994 un grupo de trabajadores no despedidos se encierre en las instalaciones de la empresa como presión para que los sindicatos mayoritarios encabecen la dirección del conflicto. Hasta la fecha, las movilizaciones estaban dirigidas por el comité de empresa despedido y la asamblea de trabajadores compuesta por despedidos y trabajadores en activo. Detrás estaba la desesperación de los trabajadores no despedidos que veían como una prolongación de la huelga podría precipitar el cierre definitivo de la factoría. También estaba el hartazgo de las direcciones de U.G.T y CC.OO. que veían como su representatividad había sido socavada por un movimiento que escapó a su control.

(3)    La amenaza de permanecer encerrados “si hiciera falta seis años” y la llamada a la movilización social que transcendiera el conflicto puntual hizo que el gobierno regional se plegara a las demandas al temer un conflicto de mayores dimensiones en un momento que contaba con una débil mayoría parlamentaria.

(4)    Curiosamente, el único poder que se alió decididamente a favor de los huelguistas fue la Iglesia.

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