La Silla de Drácula. Sam Taylor-Wood
Leyendo el viernes el último número de El Cultural me quedé absorto con la imagen que abría el artículo sobre la exposición que el Museo Thyssen dedica a la sombra en el arte. La fotografía corresponde a la numero II de serie “Silla de Bram Stoker” de la inglesa Sam Taylor-Wood.

Sam Taylor-Wood, Silla de Bram Stoker II. 2005
Conocía su faceta como videocreadora. En concreto el bellísimo vanitas “Still life” que se pudo ver en el año 2005 en el Conde Duque dentro de la exposición Fast Forward. También sabía del video que recoge el plácido sueño de David Beckham en la Galería Nacional de Retratos de Londres. Pero no sabía nada de esta serie de fotografías.
La imagen al instante me pareció rotunda y bella a la vez que dramática y desconcertante. Bella por el delicado movimiento en el aire de la bailarina, y lo de bailarina se supone por el perfecto arqueo de su cuerpo. Rotunda por la simplicidad de los elementos de la composición; una mujer, una silla y una sombra. Dramática porque todo parece indicar que se avecina una catástrofe; la caída de la chica. Y desconcertante… ¿y por qué me pareció desconcertante? Al principio pensé que era por la mágica situación de la protagonista, retratada una milésima de segundo antes de iniciar su vuelo al suelo. Luego pensé en la situación de la silla que se encuentra en un peligroso equilibrio inestable al apoyarse en una única pata. Más tarde reparé en el título de la composición: la Silla de Bram Stoker, es decir la silla del autor de Drácula. Pero con todo y eso, había algo más que no encajaba.
Tuve que volver a ver la imagen varias veces para reparar en un detalle que a primera vista se me pasó desapercibido. En el primer plano, tenemos a una mujer y a una silla y al fondo la sombra de la mujer sobre la pared. Pero ¿es una sombra completa? Sí, la silueta de la mujer es perfecta pero, ¿dónde está la sombra de la silla?
Sencillamente, no hay rastro de la sombra de la silla.
Claro, por eso es la silla del autor de Drácula.
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