No lo llames museo

Thomas Struth, Audience 8 (Galería de la Academia), Florencia, 2004
Hace un tiempo, el diario El País, en su suplemento de cultura hablaba de algunas colecciones privadas de arte contemporáneo cuyos propietarios las hacían públicas al construir edificios ad hoc. El artículo, firmado por Fietta Jarque, se llamaba: No lo llames museo. En él se hablaba de cierta evolución del coleccionismo actual que no se contenta con blindar su colección y se esfuerza por hacerla pública. A primera vista, el fenómeno puede parecer novedoso. En cambio, si estudiamos el origen y desarrolló del concepto de museo moderno comprobamos como esta voluntad se corresponde con la función más convencional y conservadora del mismo. Es decir, la de hacer que colecciones privadas se conviertan en públicas para mayor gloria de sus promotores. Lo que choca del artículo es por lo tanto, la contradicción entre su contenido y su título ya que el mismo puede inducir al engaño. Creo que la autora no actuó de forma premeditada al titularlo así sino más bien ha sido víctima de la confusión actual existe en torno a la idea de museo.
Y es que el museo está en crisis o mejor dicho, el concepto convencional de museo. Aunque las autoridades institucionales, el ICOM en concreto, y cierta parte de la comunidad técnica sigue aferrándose a la defensa numantina del concepto y los valores del Museo como “institución para la preservación de los objetos que mejor explican la naturaleza y las obras del hombre”; otros sectores comprometidos con la creación actual rechazamos tal definición. O mejor dicho, la ideología que la sustenta.
Esta ideología es fundamentalmente patrimonialista. En tanto en cuanto, concibe una colección como un mero acopio de objetos, con lo que es fácil, que la institución concentre todos sus esfuerzos en generar una estructura que únicamente vele por la preservación de los mismos descuidando sus valores añadidos.
Si no somos capaces de ver que el objeto es un mero médium, dicho de otra manera, la materialización física de una idea. No seremos capaces de crear espacios cuyo fin sea la transmisión y circulación de las ideas. Mientras tanto, estaremos sumidos en una profunda confusión y no seremos capaces de entender los retos y función de los museos actuales.
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