George Bush asesinado

Suenan disparos entre la multitud. El presidente ha sido mortalmente herido. Carreras, gritos, la maquinaria de seguridad se pone en marcha. ¿De dónde procedían los disparos? ¿Quién es el asesino?
La película que ayer emitió la Cuatro, Muerte de un Presidente, a pocas horas de la toma de posesión de Barak Husseim Obama, narra en clave de falso documental un posible atentado sobre el ya ex presidente George Bush.
Dirigida por Gabriel Range, el filme fue estrenado en el Festival de Toronto en el año 2006, obteniendo el premio de la crítica. Ni que decir tiene, que en su momento fue muy mal recibida en EE.UU., en particular, entre los sectores más conservadores del país.
En ella podemos ver tanto imágenes reales como imágenes manipuladas por ordenador de los momentos previos del atentado y las pesquisas para dar esclarecer el complot. Todo ello trufado por entrevistas en primera persona a supuestos protagonistas de los hechos e incluso tomas de falsas cámaras de seguridad. El resultado es sugerente, si bien, a ratos un tanto tedioso, sobre todo, en la segunda mitad cuando la tensión argumental se diluye.
Dos son los aspectos más destacables del filme. Por un lado, el hecho de ser un buen ejemplo del interesantísimo género del falso documental. En particular, del subgénero que explota al máximo la sintaxis particular del reportaje de investigación televisivo. Y por otro lado, que en este caso, la supuesta verosimilitud de los hechos no solo descansa en los tropos argumentales del filme sino en la alta probabilidad de que el ex presidente sufriera un atentado. Porque al fin y al cabo, tal como afirma en la película un supuesto agente del FBI: “En un homicidio normal, la motivación es muy útil para limitar el número de sospechosos pero en este caso, dos horas antes del atentado, vimos al menos 10.000 manifestantes que (..) mostraban un gran odio hacia el presidente“.
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