Elogio del pateo
Fin de la función… aplausos.
Como si un regidor invisible marcará el compás, acaba la función y el público aplaude.
Aplaudimos siempre. Da igual que la función haya sido soberbia, regulera o infumable. Siempre aplaudimos. Dicen que el aplauso es el pago del actor, el bailarín o el músico. Pues nosotros somos muy generosos porque siempre aplaudimos.
Cuanto echo de menos aquellos tiempos en los que el público se enojaba, silbaba y pataleaba. Yo nunca los caté. Tiempos en los que el público discernía lo que le gustaba de lo que no le gustaba. Si le había agradado, aplaudía y si no, pataleaba. Hoy siempre aplaudimos. ¿Pero acaso, todo siempre es bueno?
Yo creo que no. Que hay funciones soberbias, reguleras o infumables. Pero si es así ¿porqué somos tan complacientes? Creo que hemos perdido la capacidad de discernir lo bueno de lo malo, o mejor dicho, lo que nos gusta de lo que nos disgusta. Y eso sucede porque no tenemos criterio.
Fin de la función… pataleo.

Yue Minjun, Garbage Hill, 2003
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